El término nini ha venido a significar una categoría estadística incómoda para las políticas públicas de las naciones en vías de desarrollo. Un joven sin empleo formal y sin educación completa constituye la realidad del 23% de los panameños entre los 15 y 29 años. Aquí está el caldo de cultivo de las bandas delincuenciales, los embarazos precoces, la informalidad laboral y la baja productividad de la economía. Para convertirse en nini, un adolescente solo tiene que caerse por las grietas del sistema educativo, o enfrentarse a la total ausencia de educación sexual, o a un entorno familiar vulnerable para devenir en parte de este segmento de la población. El costo social de perder a cientos de miles de panameños en la informalidad y a unos 20 millones en toda Latinoamérica, es en verdad incalculable. El callejón sin salida al que nos han llevado las mismas políticas públicas de siempre, que no han sido capaces de generar empleo para los jóvenes o mantenerlos en el sistema educativo, requieren de un marco renovador para rescatar a los que son la futura generación de este país.
hoyporhoy
25 jul 2016 - 06:03 AM