Venezuela enfrenta la peor escasez de su historia. Las oficinas de Gobierno solo funcionan dos días a la semana para ahorrar electricidad, en el país con las mayores reservas petroleras del mundo. Frente a este evidente fracaso político, el presidente Nicolás Maduro y su camarilla han optado por ignorar al poder legislativo, en manos de la oposición, para imponerse a través de decretos unipersonales del mandatario, que solo demuestran lo más obvio: Maduro es un dictador. Su fuerza descansa sobre las bayonetas y los hombros de cientos de miles de burócratas que han visto su poder y su peculio aumentar. A diestra y siniestra, los gobiernos corruptos de derecha y de izquierda del continente han ido cayendo irremediablemente por los reclamos del pueblo y por la acción de instituciones de fiscalización y de justicia. Venezuela es la más dolorosa de las excepciones, porque allí ni siquiera se respeta la voluntad popular. El pueblo venezolano ha puesto su sangre y sacrificio para recuperar la democracia. En la región nuestros gobernantes se han convertido en cómplices de esa nefasta dictadura.
hoyporhoy
15 may 2016 - 05:18 AM