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Los contratos de arrendamiento de tierras suscritos por la Universidad de Panamá (UP) se han manejado con tal opacidad, que es difícil creer que esta sea nuestra primera casa de estudios. Su rector ha dado inequívocas muestras de soberbia, al negar información sobre asuntos que son de innegable interés público. Es una ironía su actitud frente al ejemplo que debería dar, al ser su máxima autoridad, a los docentes, a los estudiantes y a la sociedad en general. Conceder contratos tan desfavorables para la casa de Octavio Méndez Pereira llama a la sospecha justificada, esa que parece no la tuvieron otros fiscalizadores al dejar que estos contratos nacieran a la vida jurídica, como lo fue la propia Contraloría. Los 19 años de gestión del rector han convertido a la UP en una empresa de bienes raíces, relegando la academia a la orfandad y el olvido. Ojalá alguien obligue al rector a responder por sus deliberadas omisiones, que perjudican aún más la maltrecha imagen de la UP.

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