El dato que revela que más de $5 mil millones fueron invertidos por capital extranjero en nuestro país en 2015, es una legítima razón de alegría. A pesar de la recesión global, de la crisis económica de varios de nuestros vecinos, y la brutal caída del precio del petróleo, los inversionistas foráneos ven a Panamá como un destino seguro y confiable para sus negocios. Este es el resultado del largo trabajo que el país supo llevar a cabo en forma acuciosa y que ha merecido el reconocimiento internacional. Sin embargo, el aumento del desempleo en algunos sectores y los serios desafíos que enfrentan la agricultura y la Zona Libre de Colón, por ejemplo, requieren una acción estratégica del Gobierno. Si ponemos nuestra casa en orden, y concluimos efectivamente la tarea de combate a la corrupción y la complementamos con un manejo responsable de las finanzas públicas, sin duda cosecharemos grandes resultados en materia de empleo y producción. Lo cierto es que las políticas en materia de inversión extranjera y un clima de negocios favorable benefician no solo a socios y aliados, sino también a miles de panameños que a través de la exposición a industrias no tradicionales obtienen innovadoras herramientas y habilidades para desarrollarse profesionalmente. Temer a los retos que trae consigo este modelo, sería condenarnos al subdesarrollo.
hoyporhoy
03 mar 2016 - 07:06 AM
