Los grandes proyectos de infraestructura requieren de la experiencia de consorcios internacionales, avalados por su prestigio y reputación, que se sustentan a su vez en sus ejecutorías visibles. Panamá es un país cuyo crecimiento económico se ha convertido en un polo atractivo para estas empresas. En ocasiones, los jugadores de estas ligas se manejan con los hilos del poder político, la influencia y las ventajas, no siempre muy transparentes, que aprovechan cuando la ocasión así lo permite. Lamentablemente, el país tiene un historial no muy halagüeño con este tipo de proyectos, máxime si estos son bandera de los gobiernos de turno. Con la administración Martinelli, las venias, las componendas, y todo tipo de ‘aceites’ para favorecer a ciertas empresas extranjeras, resultaron en un gran fiasco y en la pérdida millonaria de dineros del Estado. Hoy hay señalamientos que apuntan a que no hemos superado esas malas prácticas, y que personeros oficiosos de países interesados en hacer negocios con Panamá, a toda costa, siguen influyendo en los funcionarios panameños en medio de una pasividad inaceptable, mientras que sus países son materia de escándalo y bochorno. ¿Qué esperamos para reaccionar y poner ya un alto a la corrupción?
hoyporhoy
19 ene 2016 - 06:51 AM