Las cifras son astronómicas. Se habla de decenas de millones de dólares. De proyectos que nunca vieron la luz o de otros sin duda importantes, pero cuyos costos no logran justificarse si se los compara a sus resultados. Se habla de redes de complicidad, de cuentas, de negocios que generaban más negocios, de gastos excesivos, de casas opulentas, propiedades, vehículos de lujo para provecho personal adquiridos a partir de dinero público. El ciudadano común lee y escucha las noticias sobre la corrupción que ha padecido el país desde hace muchos años y mira, indignado, esas cifras que la mayoría, trabajando sacrificada y honradamente, jamás alcanzará. Y mientras esa danza de millones desfila todos los días frente a ese ciudadano, proyectos urgentes como la nueva sede del Instituto Oncológico Nacional o la remodelación del Teatro Nacional no terminan de materializarse. Que la salud y la cultura importen tan poco señala un grave problema de las dirigencias políticas y muestra una seria miopía de quienes pueden y deben procurar mejorar las condiciones de vida de la gente. Ese orden de prioridades mezquino y venal debe cambiar de inmediato. El país demanda de sus líderes respuestas y respeto.
hoyporhoy
18 ene 2016 - 06:47 AM
