Cuando en 1957, el Ministerio de Educación estableció el sistema de evaluación para los maestros y profesores del país, Panamá no tenía industria de televisión, y el mundo desconocía el viaje espacial, la genética, la computadora personal o la internet, por solo mencionar algunas innovaciones relevantes. Las autoridades educativas proponen reformar el mecanismo de evaluación que data del siglo pasado para adaptarlo a las necesidades de los tiempos actuales. Sin un proceso eficiente y transparente de la medición de la calidad, pertinencia y rendimiento del trabajo educativo, no es posible mejorar el proceso de enseñanza aprendizaje, simplemente porque aquello que no se mide no se corrige. Los intereses gremiales y las burocracias educativas encontrarán formas de dilatar estos cambios, pero si el Gobierno es serio en sus intenciones de reformar nuestra educación, este es uno de los pilares fundamentales para conseguirlo. El miedo al cambio y el rechazo visceral a la renovación educativa no pueden continuar como el común denominador de las políticas públicas y de la actuación del Estado en materia educativa.
hoyporhoy
08 ene 2016 - 05:37 AM
