París nos duele. Los ataques terroristas tuvieron como víctimas a los asistentes de un concierto de rock, a los espectadores de un partido de fútbol, a los comensales de un restaurante camboyano, de una pizzería italiana y de varios cafés. El objetivo: ciudadanos ejerciendo su libertad y disfrutando la vida. No se trata de una respuesta al imperialismo europeo. Históricamente la mayoría de las víctimas de estos sátrapas han sido musulmanes y nacionales de países no europeos, que nada tienen que ver con Medio Oriente. Debemos evitar una reacción racista o islamófoba, ya que confundir el discurso de estos monstruos con la fe islámica es lo mismo que pensar que los nazis representan al cristianismo. Por tercera vez en un siglo las democracias occidentales deben convocar a sus mejores talentos y acopiar recursos para enfrentar al fascismo, así como lo hicieron para derrotar al Tercer Reich y al comunismo soviético. Desde Julio César hasta Adolfo Hitler han tratado de someter –sin éxito- el alma francesa. No hay totalitarismo que pueda vencer a una sociedad abierta, con pluralismo ideológico y una cultura de la diversidad. París seguirá siendo la Ciudad Luz y el símbolo de la libertad, la fraternidad y la igualdad.
hoyporhoy
15 nov 2015 - 05:12 AM