La tradición de conmemorar las efemérides patrias con vistosas presentaciones, acompasada música y elaborados uniformes es una de las facetas más simpáticas de la vida panameña. El homenaje se hace a la separación de la Nación, a sus símbolos, y a su pueblo que con meses de preparación y sacrificio hace posible esta actividad. La alegría en el rostro de los jóvenes que componían las delegaciones, el sabroso ritmo de marimbas y redoblantes escoltados por las notas de las trompetas se destacaban por los aplausos y coros del público. El uso amplio de las polleras y camisillas por parte de los estudiantes matizaba de orgullo las presentaciones. Atrás quedaron los tiempos del despliegue insultante del armamentismo de las fuerzas de seguridad. Aunque ofende la impuntualidad que no debe caracterizar estos eventos y la ausencia inadvertida de la ministra de Educación, cuya institución es la responsable de los desfiles patrios, hay que aplaudir al panameño de a pie, al alumno, al profesor, quienes comprometidos han hecho que estos desfiles sean de los más lucidos homenajes a la democracia de los últimos tiempos.
hoyporhoy
05 nov 2015 - 05:02 AM
