Ricardo Martinelli siempre lo negó: se desvinculó del negocio de las hidroeléctricas y nunca admitió haber invertido un real en ellas. Pero ahora descubrimos que no solo estaba él metido, sino también sus hijos. Y no es que ser empresario de ese sector sea algo indebido, al contrario, es completamente legítimo. Entonces, ¿por qué negarlo? ¿Acaso el expresidente no es empresario? Sus mentiras solo provocan sospechas. ¿Cómo obtuvo esas concesiones hidroeléctricas? ¿Por qué nombró en Etesa a gente de su entera confianza? ¿Por qué recibió dinero de empresas de contratistas del Estado? Las preguntas se acumularán en la medida en que avancen las investigaciones. ¿Responderá a todas las dudas en torno a sus iniciativas de generación eléctrica? Después de ver cómo el expresidente huyó del país, lo primero que uno imagina es que no lo hará. Y no faltará quien repita las frases de siempre: “persecución política”, “violación al debido proceso”. Ya es hora de que responda y deje de esconderse detrás de palabras huecas y gastadas.
hoyporhoy
18 oct 2015 - 05:07 AM
