La línea 2 del Metro debe servir para devolverle calidad de vida a los panameños que enfrentan un sistema de transporte inhóspito. A pesar de la objeción de amplios sectores de la sociedad, la actual administración decidió arriesgar su imagen, y la capacidad de ejecución de esta obra, para favorecer a la empresa brasileña Norberto Odebrecht. A esto se suma el impacto directo causado por este proyecto en forma de tranques y tardanzas, y en la reducción significativa de la productividad laboral en el área metropolitana. Lo menos que pudo hacer el Gobierno fue prepararse para mitigar este gigantesco dolor de cabeza que, a diferencia de otras situaciones, no llegó de sorpresa, sino que estaba programado con antelación. La práctica de los políticos de enfocarse en hacer “sus obras” contra viento y marea durante su período de gobierno debe ser superada. El interés público no puede supeditarse al beneficio partidista o a la vanidad de cortar cintas. Ojalá lo único negativo de la línea 2 sea el recuerdo de los embotellamientos que causó y no los sucesos inesperados que surjan por la falta de transparencia e integridad.
hoyporhoy
06 oct 2015 - 06:20 AM
