La violencia entre conductores, los accidentes de tránsito por la falta de cortesía, y la ausencia de solidaridad humana reflejada en las víctimas por atropello que son abandonadas a su suerte, han dejado de ser anécdotas excepcionales. ¿De dónde sale tanta ira? El origen puede ser el costo de la vida, la inseguridad y la forma tan irresponsable en que permitimos que más de un millón de autos saturen las malas calles y estrechas avenidas de una urbe sin planificación. Es irónico que la ciudad urbanizada por Belisario Porras hace un siglo sea más amistosa y cómoda que la desarrollada en décadas recientes. No podemos olvidar el triste papel de las autoridades de tránsito, convertidas en expedidoras de cupos y certificados de operación como botín de los políticos, quienes indiferentes a la realidad cotidiana y blindados por escoltas, sirenas, vehículos con raya amarilla y helicópteros dejaron de encarar la realidad del común de los mortales. La cultura de los ciudadanos, tanto conductores como usuarios y peatones, ha fomentado una actitud de todos contra todos sin atisbo de mejoría. Estamos enfermos y necesitamos ayuda urgentemente. Muy rápidamente la ira y la rabia pueden degenerar en males peores que estamos a tiempo de evitar.
hoyporhoy
21 sep 2015 - 06:57 AM