Guatemala es hoy un país más libre. Las instituciones políticas fueron capaces de levantar, en cuestión de días, el fuero de un presidente en funciones, de forma unánime, en un Congreso en el que votaron 132 diputados. La Corte Constitucional pudo resolver, en menos de una semana, acerca de la constitucionalidad del juicio al Presidente. Celebramos el triunfo de la ciudadanía guatemalteca, de sus medios de comunicación y sus fiscales y jueces, que demostraron una madurez y una capacidad cívica digna de ser imitada. Las lecciones del caso de Otto Pérez Molina quedan claras y son aplicables a todos los países: una ciudadanía indignada que se organiza y reclama sus derechos es esencial para el combate a la corrupción. A su vez, los órganos políticos colegiados, ya sean el poder Legislativo o el Judicial, deben entender que su principal responsabilidad es con la nación y con la historia. En ambos temas, aquí hemos sido decepcionados. Solo bastaría conque los nueve magistrados de nuestro Tribunal Supremo decidieran acabar con el blindaje de la Ley 55 de 2012, para que la primavera guatemalteca fuera también la panameña.
hoyporhoy
04 sep 2015 - 08:16 AM
