El mundo enfrenta una crisis migratoria de proporciones desconocidas desde finales de la Segunda Guerra Mundial. El colapso económico, los conflictos religiosos y civiles, el terrorismo y la violencia han empujado a millones de seres humanos a cruzar fronteras, a lanzarse a los mares en embarcaciones precarias, a caminar cientos de kilómetros, a someterse a abusos físicos o sexuales, y a sufrir la explotación de traficantes y mafias en busca de un mejor futuro. La especie humana es migratoria por naturaleza. No se le puede negar a una persona su derecho a soñar y a procurar su felicidad y el bienestar de sus seres queridos. Los centenares de muertos anónimos en el Mediterráneo, los miles de migrantes que huyen o son forzados a salir de Venezuela y las amenazas de deportaciones masivas del principal candidato del partido Republicano de Estados Unidos, son manifestaciones de lo vulnerable e indefensos que están estas personas frente a los dictadores, los fanáticos y los demagogos. Solo el desarrollo y el pleno respeto a los derechos humanos evitan las migraciones masivas. Es responsabilidad de las sociedades más prósperas y democráticas iniciar el diálogo internacional para atender este problema y financiar los mecanismos de cooperación que prevengan las migraciones de mañana. Necesitamos el liderazgo y la acción inmediata de las democracias del mundo.
hoyporhoy
29 ago 2015 - 05:23 AM