Una buena educación cuesta dinero. Eso es un hecho irrefutable. Si Panamá invierte una minúscula parte de su presupuesto en el renglón de la enseñanza, ¿qué podemos esperar del sistema? ¿Acaso el reflejo de esa educación no se ve en la calidad de la enseñanza que reciben nuestros estudiantes o en la preparación de los docentes? Si Panamá aspira a mejorar su educación, el Gobierno debe hacer un esfuerzo para dotarla de más presupuesto. Y eso no significa que todo hay que invertirlo en bloques y cemento. Nada de eso. Se trata de preparar mejor a los maestros y profesores, incentivar su propia superación y para eso hay que mejorar la calidad de vida de los que hacen un esfuerzo mayor para destacar, que se esfuerzan para demostrar que sí se puede cambiar el destino de esos estudiantes que parecen condenados a vivir en un círculo de pobreza. Pero, ¡cuidado! No se trata solo de producir mejores profesionales. Hace falta formar ciudadanos y, si son profesionales, mucho mejor, porque el asunto no es solo que ganen más por ser buenos profesionales, sino el crear ciudadanos con principios y valores. Sin eso, solo seremos una fábrica y no un país.
hoyporhoy
26 jul 2015 - 06:25 AM
