El presidente de Perú, Ollanta Humala, acabó con el tabú que existía entre los mandatarios en funciones de la región latinoamericana, de no expresar opinión crítica sobre Venezuela. En una serie de declaraciones, el gobernante peruano ha sugerido que los presos políticos venezolanos sean visitados por la Cruz Roja Internacional y que, incluso, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) debería mediar en el conflicto interno de la nación bolivariana. Finalmente, un país vecino y amigo del pueblo venezolano rompe el silencio y toma una posición responsable hacia el descalabro institucional y político que sufre Venezuela. En la memoria de los peruanos están frescos los recuerdos de Fujimori y su autocracia, así como en la de los panameños permanecen los de los gobiernos de Noriega y de Martinelli. En nuestro caso, la administración actual calla frente a lo que pasa en Venezuela. El mejor amigo no es el que se hace cómplice, sino el que llama la atención. En materia de derechos humanos, el silencio se convierte en aceptación de la barbarie. Es tiempo que Panamá hable alto y claro.
hoyporhoy
09 jul 2015 - 07:29 AM
