La adicción al poder es una enfermedad que padece el alma humana. Desde el comienzo de los tiempos, se ha buscado la forma de limitar al poder. El Congreso Colombiano acaba de aprobar una reforma constitucional que prohíbe la reelección presidencial en forma absoluta. Igualmente, el Congreso de Brasil está considerando una medida que acabaría con la reelección de presidentes, gobernadores y alcaldes. Es claro, para estos cuerpos políticos, que el vicio del electoralismo corrompe a los funcionarios electos, sean estos representantes de corregimiento, diputados, alcaldes o presidentes de la República. En Panamá, en 1998, se rechazó por vía de un referéndum la reelección presidencial inmediata. Más recientemente la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la candidatura vicepresidencial de una primera dama en funciones. Sería entonces sumamente sano establecer la prohibición de reelección absoluta, tanto para los cargos de elección popular, como para las designaciones de rango constitucional y legal de magistrados, contralores, procuradores, y rectores universitarios. Incluso, gremios y sindicatos se beneficiarían de este principio. Esta sería la mejor forma de atraer nuevo talento para servirle a la sociedad, y así evitar el anquilosamiento y la pérdida de la legitimidad de las instituciones.
hoyporhoy
05 jun 2015 - 09:44 AM
