Que la corrupción campeara en el país en la forma que se ha visto, es una vergüenza nacional. Que esto fuera instrumentado desde la cúpula del Estado en cabeza de un gobernante, habla de un desastre social en vías de hundirnos en una ignominia sin escape posible. Los hilos desenredados, escándalo tras escándalo, de la madeja criminal que montara el gobierno anterior para apoderarse hasta del último centavo de los panameños honestos, parecen haber terminado por identificar al autor previsible de todo este zafarrancho. Hoy se confirma que no se trataba de funcionarios de nivel subalterno dedicados al robo de la simple calderilla, sino de los más encumbrados en el escalafón gubernamental, entregados de manera sistemática al saqueo en dimensiones mayores, cuantificable en sumas cada vez más millonarias. Ahora sí, la justicia en este país está frente a su más grande prueba. De ella depende esclarecer plenamente lo sucedido, identificar al margen de dudas a los responsables, y aplicar el rigor de las leyes para que recuperemos la sanidad colectiva donde tienen asiento la moral y la ética ciudadanas. También los panameños, todos, hemos de cuestionarnos cómo pudimos permitir que se diera tal grado de corrupción entre nosotros. No nos engañemos: nadie es inocente cuando la sociedad se pervierte de manera tal.
hoyporhoy
23 may 2015 - 06:48 AM