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Lo de la línea 2 del Metro nos ha dejado un sabor amargo. Por tercer gobierno consecutivo, la constructora favorita de la clase política panameña forma parte del consorcio ganador de uno de los megaproyectos en licitación. Como si no fuera suficiente, en el mismo consorcio está la empresa responsable de construir la ciudad hospitalaria. ¿Por qué no se buscó activamente la participación de entidades alemanas, canadienses, estadounidenses, japonesas o coreanas, por ejemplo? El resultado del acto público consolida a la empresa brasileña como el contratista principal del Estado panameño, que hace cintas costeras, viviendas en Curundú, saneamiento de la bahía, autopista Panamá–Colón y un rosario de otras obras. Ni siquiera por estrategia de gestión pública, un Gobierno debe depender de una sola compañía para tantos proyectos. Por imagen del país, es urgente revisar nuestra política de contratación pública y darle el blindaje contra empresas tan dominantes que asustan a otros de acudir a licitaciones en Panamá. Mucho cuidado con las adendas y los próximos proyectos.

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