Todo ciudadano tiene derecho a resguardar su privacidad de cualquier intromisión. Sin embargo, en el pasado reciente, ese ámbito fue violentado en distintas formas por quienes estaban llamados a protegerlo. Clandestinas escuchas telefónicas e intervenciones de correspondencia electrónica eran, sin saberlo, parte del quehacer cotidiano del panameño, de la misma forma que lo eran el día y la noche. La información de los contribuyentes no escapó del apetito de los que adoptaron por costumbre husmear donde no debían. Mientras el gobierno pasado se empeñaba en hacernos creer que éramos uno de los países más felices del mundo, se convertía la violación de la individualidad en una oportunidad de negocios o en un instrumento útil para chantajear a las personas que obstaculizaran el paso del autócrata, fueran adversarios o no. Ojalá que quienes se deleitaron con explotar la privacidad de los demás estén tan felices cuando, en sus casos, sea servida la justicia.
hoyporhoy
24 abr 2015 - 07:12 AM
