En nombre del desarrollo y el combate a la pobreza la clase política panameña ha saqueado el erario, y en especial la administración de Ricardo Martinelli, quien ha elegido el autoexilio ante el telón que comienza a levantarse para develarnos una tragedia de pillaje sin parangón, de espionaje telefónico y desfalco de las arcas estatales. Martinelli escondió a la sombra de sus absurdas obras –como la cinta costera tres, las ciudades hospitalarias o sus carreteras de asfalto, el Metro o los helicópteros y radares de Finmeccanica– un escenario que avergüenza y que ha dejado ver de qué estaban hechas sus promesas: palabras huecas, pronunciadas con el único propósito de ocupar el solio presidencial. Y en medio de un debate histórico y decisivo, Panamá es el anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, en la que se darán hechos que seguramente cambiarán el curso de la historia. Esos aires de cambios son lo que necesitamos, porque es que nuestra justicia está a prueba, y es su momento más difícil, pues sus protagonistas deben decidir si seguimos siendo el albañal de corruptos que hasta ahora somos o ejemplo de institucionalidad y respeto a la ley.
hoyporhoy
06 abr 2015 - 05:23 AM