El arresto por parte del Gobierno de Venezuela del alcalde mayor de Caracas, por el crimen de ser oposición, solo demuestra que la vocación dictatorial del régimen es muy fuerte, y que no se puede ocultar. Justo cuando Leopoldo López cumplió su primer año como prisionero político en las cárceles de Maduro, los actos represivos del régimen venezolano no pueden ser más descarados y directos. Se le ha caído la máscara, y toda pretensión de ser un gobierno democrático y revolucionario ha quedado en el basurero de la historia. Maduro y todos sus secuaces civiles y militares son cómplices de un gigantesco latrocinio y de una masiva violación de los derechos humanos de su pueblo. Es obvio que se acabó el opio de los ingresos petroleros que permitían repartir rentas entre un pueblo desarraigado y desesperanzado por décadas de corrupción. Lo que queda para Venezuela es la resistencia interna y la solidaridad internacional. Si hay una reserva de decencia del gobierno de turno, que se aparte del poder y le permita a ese maravilloso país renacer y reconciliarse.
hoyporhoy
21 feb 2015 - 06:36 AM
