Ricardo Martinelli se aferra a los formalismos, a una inmunidad inexistente, a su partido y a todo lo que tiene a mano para evitar rendir cuentas sobre los pinchazos telefónicos o la violación de la correspondencia de centenares de personas o el atraco del que fue víctima el Estado bajo su penosa administración. Se queja de que los procesos judiciales que se desarrollan contra funcionarios de su gobierno se filtren a los medios, cuando él era el primero en hablar de investigaciones de sus opositores y se jactaba de tener información de ciudadanos cuyo delito era adversarlo. No, señor expresidente, no existe tal conjura en su contra. Lo que todos los panameños pretendemos es recibir sus explicaciones. Pero lo que hace usted es abandonar el país y ocultarse. Su deber es dar la cara y pedirle a todos aquellos que trabajaron de cerca con usted que hagan lo mismo. Hacerlo es un acto de gallardía y sus seguidores –ese medio millón de personas que sigue afiliada a su partido, Cambio Democrático– se lo agradecerán, porque es que, ante su prolongada e inesperada ausencia, ya se están quedando sin argumentos para defenderlo y ya pocos se animan a hacerlo.
hoyporhoy
08 feb 2015 - 05:42 AM
