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En sus más recientes declaraciones de ayer viernes, el exmandatario de la República, diputado del Parlamento Centroamericano (Parlacen) y todavía presidente del partido Cambio Democrático insistió en lo que se ha venido constituyendo como su última línea de defensa: en Panamá hay una dictadura y todos los poderes públicos están en manos de una sola persona. Aunque esto era cierto en su gobierno, no lo es en la actualidad. A pesar del proceso al magistrado Moncada Luna, cuatro de sus colegas principales de la Corte Suprema de Justicia, más el suplente del enjuiciado, fueron designados por Martinelli. El empresario cuenta con amplio acceso a los medios de comunicación nacionales e internacionales, siendo algunos de los del patio, propiedad suya. En vez de denunciar “persecución política” a los cuatro vientos, debería renunciar a la “cueva de ladrones”–como le llamó al Parlacen–, al fuero que le da ser presidente de un partido y solicitar que se le juzgue lo más pronto posible para demostrar su inocencia. Lo contrario es demagogia y manipulación, las cuales el país recibió a raudales en los cinco años que nos desgobernó.

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