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El rechazo popular contra la designación de un flamante exlegislador y exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, como magistrado del Tribunal de Cuentas, debe servir de escarmiento para el Presidente de la República y la clase política, cuando incluso, quienes le acompañaron y respaldaron en su campaña electoral, se sienten burlados por la manifiesta injerencia del poder Ejecutivo en el Judicial. Cada vez que, desde el Palacio de las Garzas se toman abiertamente decisiones como reelegir al magistrado del Tribunal Electoral o se efectúan gestiones para obtener espacios políticos en favor de allegados, se pierde legitimidad frente al pueblo. Mucho cuidado debe tener el mandatario y su equipo de trabajo, de ahora en adelante, porque muy rápidamente, a los gritos de “más de lo mismo”, se pueden crear las condiciones en las que se pierda la fe en la institucionalidad y el respaldo a su gobierno. El mensaje entonces, que el pueblo le hace llegar con claridad y con la paciencia casi agotada, es que no haya más triquiñuelas politiqueras ni incumplimientos de las promesas de campaña.

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