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Hoy por hoy

Por buenas que sean las intenciones, un país no se desarrolla con el olfato o la improvisación. Su desarrollo debe ser cuidadosamente planeado, en base a estudios y proyecciones. Y no es que falten en Panamá. Sencillamente, terminan en la gaveta del escritorio de algún político que no tiene idea de cómo ejecutar sus tareas. Lo vemos en el caos que es la ciudad, con insuficientes calles para la cantidad de carros existentes; en un sistema de transporte que colapsaba en las narices de los gobernantes; en un sistema educativo que data del siglo pasado; lo vemos en la improvisada construcción de hospitales –muy modernos– pero que carentes de médicos, técnicos y especialistas. Siempre van detrás de la carreta. Es por eso que también vamos retrasados en el tema de la movilidad eléctrica. El dinamismo que muestran nuestras autoridades en ese tema es el mismo que el del agua estancada. Con una matriz energética diversificada –y en muchos casos, de energía limpia– es imperdonable que aún estemos a la zaga respecto a la región en esta materia. Es imperativo que se articule una política que subsane este vacío que en esta carrera nos pone en la retaguardia, cuando deberíamos ser la vanguardia.