Son tantos los problemas que enfrenta la sociedad, que cuesta definir por dónde comenzar a solucionarlos. Está el tema de la justicia, que parece siempre inclinada a favor del mejor postor o, dicho de otro modo, en favor del de la billetera más gruesa. Por otro lado, algunos diputados, que no por casualidad son siempre los mismos, se empeñan en usar su curul para beneficiar los intereses de los allegados al poder o del que está dispuesto a satisfacer el eterno “qué hay pa’ mí”. Y si le sumamos la profunda crisis económica que vive el país, que cada vez se agudiza más por la falta de planificación y de una estrategia cónsona con la realidad global, así como el creciente mal uso de los fondos del Estado de parte de los gobernantes, no es extraño que muchos panameños comiencen a creer en falsos mesías, que prometen dinero en los bolsillos y trabajo para todos. Las recetas mágicas para solucionar los problemas del país no existen. Debemos comenzar a solucionar nuestros propios problemas, pero no a punta del juega vivo, sino con trabajo honesto. Dejarnos engañar con las promesas de un falso mesías es cosa de humanos; pero permitir que nos engañe por segunda vez, es cosa de tontos.
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29 mar 2022 - 05:11 AM
