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Hoy por hoy

La saga de los prófugos, los hijos del expresidente Ricardo Martinelli Berrocal demuestra, con nauseabunda crudeza, cómo los procesos judiciales y los controles administrativos son burlados en nuestro país para acomodar los planes de quienes tienen dinero y poder. Por eso, no terminaremos de salir de las listas negras ni de ser señalados por propios y foráneos de falta de seriedad y transparencia. Mientras que países con jueces rectos y funcionarios correctos, como Estados Unidos y España, llevan a nuestros delincuentes a rendir cuentas, en Panamá al que es prófugo de la justicia se le allanan los caminos, con cualquier subterfugio, se le conceden fianzas sin importar que se hayan burlado de los jueces por años, sin el menor rubor, o se le dan permisos de vuelo para que huyan de la justicia de otras naciones. ¿Qué de humanitario tenía el vuelo de aquellos prófugos, mientras miles de panameños, varados por el mundo, no podían volver a sus hogares durante la pandemia? Pobre país.