Exclusivo

Hoy por hoy

Décadas atrás, los panameños decidimos que el Canal de Panamá sería un santuario de neutralidad política, a fin de que nuestra criolla y muy particular política no invadiera una empresa estatal de estatura mundial. Es evidente que al estudiar la gobernanza del Canal y la del resto de las instituciones del Estado, saltan a la vista enormes e insalvables diferencias. Comparar el Canal de Panamá con el Gobierno es como comparar la institucionalidad con el pandillerismo. Sin embargo, con el transcurrir de los años, los políticos han dejado atrás ese pacto y cada vez es más frecuente ver nombramientos en la junta directiva del Canal que responden a intereses partidistas, incluso, particulares. Si bien en esta nueva jornada de nombramientos algunos merecen ocupar un puesto, otros dejan muchas dudas, no por su capacidad, sino por sus compromisos, por los intereses, si no personales, sí familiares. No solo ha sido este gobierno el que lo ha hecho; quizá las peores designaciones fueron bajo aquella administración profunda y abiertamente corrupta, empezando con el que por entonces fue presidente de la República. Una vez más, la Asamblea Nacional fracasó en su labor de corregir el rumbo torcido que se manifiesta en designaciones dudosas.