El grado de descomposición al que el Gobierno ha llagado carece de límites. Cada vez que se escarba un poco en el tema de los salarios, la podredumbre aparece. Pero lo grave del más reciente caso del cobro de doble salario, es que se dé en una universidad, cuya rectora tiene el descaro de desvincularse de este escándalo argumentando que su rol no es el de una fiscalizadora, pero no tiene problemas para embolsarse $13,500 mensuales que, a juzgar por la corrupción que reina en su administración, son más que inmerecidos. Es imperdonable que este escándalo sea donde se están formando nuestras futuras generaciones, y que el padrino de la sinvergüenzura sea un diputado de gobierno. Pero la pena ajena no termina con ellos, sino que también están envueltos exrectores, docentes, administrativos, el gobernandor de Chiriquí y el director nacional de la Descentralización. Ahora uno puede explicarse por qué la actitud sumisa de este último funcionario frente a los excéntricos y desproporcionados ingresos de algunos alcaldes y representantes. Es que para criticarlos se necesitaba capital moral, y estos funcionarios lo empeñaron por dinero. Y el peor de todos es el contralor, que –como ya es su costumbre– guarda silencio.
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17 feb 2022 - 05:06 AM
