Los recientes comentarios del alcalde de la ciudad capital son de un tenor preocupante. Decir que no hay ley que le exija justificar sus elevados gastos de movilización y que nadie le ha exigido que baje sus ingresos es poner a prueba la paciencia de sus conciudadanos, pues revela una carencia absoluta de sentido común, tanto que uno no puede menos que preguntarse si este sujeto debe seguir al frente de la mayor alcaldía del país. Si bien fue electo en comicios, pretender comportarse como un monarca, sin rendir cuentas del uso de fondos públicos o disponer de fondos públicos destinados a ingresos personales inmerecidos que son casi el doble de lo que devenga el presidente de la República, es inadmisible. Si sumamos sus cuestionadas actuaciones personales, tenemos a un completo indeseable al frente del Municipio de Panamá. Su gestión, además de opaca, es una abominable torpeza, un fracaso en todo el sentido de la palabra, tan disparatada como errática, pues a dos años y medio de administración, todavía nos preguntamos cuál es el plan para mejorar una ciudad llena de problemas. Pero cada vez quedamos más convencidos de que él es la viva encarnación de “lo que natura no da, Salamanca no presta”.
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20 ene 2022 - 05:00 AM
