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Hoy por hoy

Si alcaldes y representantes de corregimiento trabajaran en una empresa privada, sus ingresos equivaldrían, en muchos casos, al del gerente general, pero, no contentos con eso, también hay que pagarles dieta por las reuniones a las que asistan, pese a que sus deberes incluyen su presencia en estas. Estamos en presencia del robo descarado e institucionalizado. Es muy atractivo postularse a estos cargos, pues, una vez en estos, todos se ponen el ingreso que les de la gana y nadie les reclama un centavo, a pesar de que ninguno necesita $3 mil o $5 mil para gastar en movilizarse, a menos que lo hagan en un helicóptero. En realidad, se roban cada dólar, porque ni siquiera cumplen cabalmente con su trabajo. Y nada esconden, porque no hay razón para hacerlo. El latrocinio lo hacen con la cómplice sonrisa del contralor, quien ya no controla, solo corrige. Todos estos políticos han perdido la vergüenza y carecen de moral para hablarnos de nada. No son más que una vulgar pandilla de cuello blanco, que hemos puesto en esos cargos con nuestros votos, muchos canjeados por un pavo, una rosca de pan o cinco sacos de cemento. Así nos compartamos, como baratijas, vendidos por docenas y a descuento.