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Hoy por hoy

Que docentes falsifiquen diplomas para acreditar estudios superiores que nunca cursaron es de las cosas más perversas que hay, pues se trata de profesores que envían el peor mensaje a sus estudiantes y revela lo bajo que ha caído una parte sensitiva de la sociedad panameña, cuyo objetivo es obtener dinero haciéndose pasar por especialistas en alguna materia. Lo peor es que muy probablemente abordaban temas con sus estudiantes de los que no tenían idea, pues ni siquiera hurtaron conocimientos, sino solo un título. El Ministerio de Educación debe expulsarlos sin dilación alguna del sistema educativo nacional, sin posibilidad de dar clases en ningún nivel, ni en el sector privado ni en el público. Su ejemplo es imperdonable y por ello las sanciones deben ser igualmente ejemplares y no solo para ellos, sino para todo el sector educativo –alumnos, docentes y administrativos–, a fin de que tengan claro que este tipo de actitud no es permitida bajo ninguna circunstancia. Por ello es imperativo que jamás puedan volver a pisar un aula de clases. Sus acciones avergüenzan y traicionan la noble misión de un maestro y su ejemplo puede arruinar las vidas de todos esos jóvenes que han sido confiados a su cuidado.