La directora de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB), Gloriela Del Río, “se debe quedar” en su puesto “hasta que acabe la investigación” criminal que le hace el Ministerio Público a exfuncionarios de esa institución, por el cobro irregular de chances y billetes premiados. El gobernante parece olvidar que la directora de la LNB tiene el poder que se necesita para destruir pruebas y obstaculizar las pesquisas, sin contar que ella, siendo la máxima autoridad de esa entidad, puede estar involucrada o no; de eso, precisamente, se trata la investigación. Pero ella se queda, dijo Cortizo, cuando debería decir lo contrario –al menos, mandarla a su casa–, algo con lo que no tuvo problemas cuando el procurador envió de vacaciones –o sacó de circulación– a los fiscales especiales anticorrupción. Pero en Panamá pesan más los pactos de recámara, las alianzas políticas y la cortesía entre maleantes. Del Río no solo es una funcionaria incompetente, sino altamente sospechosa de actos irregulares, por decir lo menos. Pero al presidente no le molesta en lo absoluto ese tufillo que acompaña a funcionarios de su tipo. De hecho, parece disfrutar de la pestilencia, porque, en vez de alejarlos, los quiere justo a su lado.
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10 dic 2021 - 03:53 AM
