Una vez más, la justicia panameña desilusiona. Este nuevo fallo por el caso de los pinchazos, en el que se probó la existencia de graves violaciones a la privacidad de, al menos, unos 150 personas, entre ellas, periodistas, empresarios, políticos y muchos más, es una completa ignominia, una afrenta no solo a las víctimas, sino al sistema de justicia y a todo el país. Queda probado que tenemos justicia torcida y retorcida para rato. Y eso que existían pruebas de las violaciones; de que se pagaron indemnizaciones a víctimas y de que hay condenados por este mismo delito en calidad de cómplices. Cómo van las cosas, a nuestras futuras generaciones no les quedará de la justicia más que cenizas, pues una banda de mercenarios judiciales sencillamente ha quemado la Constitución. Somos y seguiremos siendo el más patético país en materia de justicia. Pero, a decir verdad, este fallo no fue una sorpresa. El mayor beneficiario de esta decisión lo dejó ver la semana pasada en sus redes sociales, en el propio juicio y en el espectáculo que montó en las afueras del tribunal. Quizá nos quede de consuelo que un proceso judicial se adelanta en otro país –por el caso Odebrecht– en el que, al menos, dos personas enfrentarán a un verdadero sistema judicial y no esta oprobiosa caricatura de jueces que tenemos.
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10 nov 2021 - 05:00 AM