Esta semana, los periodistas independientes María Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, fueron galardonados con el premio Nobel de la Paz. Ambos son fervientes luchadores por la libertad de expresión en sus respectivos países, donde las condiciones para ejercer esta profesión son adversas y peligrosas. Ressa ha sido objetivo de demandas judiciales con fines intimidatorios por “denunciar el abuso de poder, el uso de violencia y el creciente autoritarismo en su país”, y Muratov, cofundador del periódico independiente ruso Novaja Gazeta, cuya línea editorial es denunciar la corrupción, ha perdido a seis reporteros, producto de asesinatos. En un mundo tan conectado, es una ironía que aún asesinen a periodistas por tratar de expresarse libremente. Ello prueba que, aunque las redes permiten que un individuo pueda divulgar masivamente sus pensamientos, siempre habrá quien trate de evitarlo, como en Venezuela o Nicaragua, donde medios han sido cerrados y periodistas encarcelados para evitar que puedan disentir. El galardón otorgado a Ressa y Muratov no es solo un homenaje a su lucha, sino a la de miles de periodistas que, pese a los peligros de la profesión, ofrendan su vida por un mundo libre y bien informado.
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10 oct 2021 - 05:02 AM