Las propiedades que tiene a su nombre; las que tiene a través de sociedades y de terceras personas –en especial bienes inmuebles–, así como los pequeños negocios que tiene la diputada Yanibel Ábrego (CD) no son poca cosa. Su caso, indudablemente, no es el único. La gran mayoría de los diputados de esta y de asambleas pasadas no pueden explicar el origen de tanta riqueza. Son los nuevos ricos: viven como millonarios, casas y carros de lujo; ropa y joyas costosas; viven como los que ellos tanto critican, precisamente, porque alegan que tienen dinero, pero no pierden detalle de su estilo de vida para luego replicarlos. La diputada Ábrego no es la simple hija de un pescador, como repite incansablemente. Ella, al igual que otros tantos, insultan a diario a los ciudadanos que sí viven en pobreza y que deben al sudor de su frente cada dólar que se ganan. Que trabajan de sol a sol, con tal de llevar el sustento a sus familias y, aun así, sufren grandes precariedades. Aquel viejo discurso que abanica la lucha de clases no es otra cosa que la repetición de viejas arengas populistas, porque en el Panamá de hoy, la clase política hace muchísimo tiempo que dejó de ser pobre, por más que intenten engañarnos.
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27 sep 2021 - 05:04 AM
