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Hoy por hoy

La Asamblea Nacional (AN) sigue poniendo a prueba la paciencia de los panameños. Somos testigos de aumentos salariales para funcionarios de este órgano del Estado; incluso, han pedido prestado millones de dólares –en plena pandemia– para pagar su abultada planilla. Hemos descubierto que tienen a la familia metida tanto en la planilla de la AN como en sus negocios particulares, pero pagados con fondos del Legislativo. Se prestan para aprobar leyes que son atracos al Estado; que sustraen dinero del Tesoro Nacional a través de organismos no gubernamentales; que tienen privilegios legales que los colocan por encima del ciudadano común; que hacen proselitismo político con fondos públicos y que tuercen las leyes para buscar su propio beneficio. Y ahora también tenemos que darles de comer. Esto parece una trivialidad, pero lo cierto es que no hay justificación alguna para gastar miles en alimentar sátrapas, cuando hay panameños que reciben miserias del Gobierno para enfrentar la pérdida de empleos o la reducción de sus salarios. Mientras unos pocos engullen botanas y pasteles, hay miles preguntándose si podrán o no llevarse algo de comer a la boca.