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Hoy por hoy

El turismo, uno de los pilares de nuestra economía, ha sufrido pérdidas que se calculan en más de $3 mil millones, producto del daño colateral producido por la pandemia de la Covid-19. Pero, además, el Gobierno ha contribuido enormemente en retrasar su recuperación. En muchos casos, la política del Gobierno en cuanto a este sector ha sido errática, improvisada y discrecional. El turismo en Panamá ha sido de los peor tratados por las autoridades. Son demasiados los casos en los que extranjeros que vinieron de visita al país se quejan repetidamente de malos tratos, abusos, del precio de las pruebas en el aeropuerto –y hasta para ir a Taboga–, de la calidad de los hoteles donde los obligan a quedarse, de la poca seriedad de los laboratorios contratados por el Gobierno para hacer las pruebas, de la descortesía, de la falta de información; de normativas confusas y el autoritarismo en la aplicación de las reglas. En fin, son muchos los perjudicados y ello seguramente traerá consecuencias para el turismo, golpeado por lo estricto que han sido las cuarentenas locales, sin contar las internacionales. ¿De qué sirven los incentivos para construir obras para el turismo si no habrá turistas? Este es el país de lo absurdo.