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Una vez más, la Asamblea Nacional provoca preocupación en varios ámbitos de la economía al insistir con la aprobación del proyecto de ley que fija topes a las tasas de interés bancario. El tope propuesto es una tasa ridícula para préstamos de tarjetas de crédito, hipotecarios y de automóviles, que virtualmente harían más costoso conceder préstamos que cobrarlos, ya que un banco —como cualquier empresa— tiene gastos que son sufragados con parte del costo del financiamiento que pagan los prestatarios. Ante un panorama así, sencillamente el acceso al crédito será extremadamente limitado, pues los costos de la operación bancaria no podrían ser solventados y el efecto que pretende el proyecto de ley —acceso a créditos de bajo costo— sería lo opuesto, ya que seguramente los bancos no podrían seguir prestando dinero con esas tasas. Parafraseando el dicho, no habrá crédito más caro que el que no hay. Por otro lado, sin acceso a financiamiento bancario, la recuperación económica del país será utópica, gracias a leyes absurdas como esta. Los diputados —cegados por el clientelismo y el populismo— son incapaces de ver lo que a todas luces provocará graves daños a la economía de sus electores, a los bancos y al país.