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En 2012, en la administración de Ricardo Martinelli, Panamá recibió la donación, de parte de Taiwán, de un avión para uso de la Presidencia de la República. El costo de la aeronave fue de $22 millones y desde entonces, los gobiernos que lo han usado han tenido que hacer uso de fondos para su mantenimiento que hasta ahora suman $16.4 millones, el equivalente al 75% del valor del avión. Los $16.4 millones de mantenimiento incluyen un nuevo contrato de $6.4 millones que cubrirá los próximos cinco años. Bajo otras circunstancias, este contrato no sería mayormente cuestionado, pero Panamá atraviesa momentos económicos difíciles y tener un avión con estos gastos –sin contar combustible, uso de aeropuertos, pilotos, etc.– constituye un lujo difícil de justificar. Los ciudadanos estamos sorprendidos, pues no hay una sola iniciativa en el Gobierno para hacer ahorros, en contraste con el resto del país, que ha tenido que ajustar su presupuesto; otros muchos han visto su jornada de trabajo reducida o han perdido su trabajo o fuentes de ingresos, y muchos más han pasado a la informalidad, con lo cual, las deudas se acumulan, pero eso no pasa en el Gobierno porque sencillamente, está desconectado de nuestra realidad.