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Hoy por hoy

La deuda de Panamá ha llegado a un nivel de preocupación. Los gobiernos no se han medido para pedir crédito y ahora enfrentamos circunstancias apremiantes. La actual administración tendrá que pedir prestado para pagar deuda. Y a ello hay que sumar el hecho de que los diputados y otros políticos siguen abusando con presupuestos que están por encima de las posibilidades de recaudación del Gobierno; aprueban leyes que hacen más onerosas las planillas, creando nuevos corregimientos con fines puramente electoreros, y encima de todo, nadie de esta Administración parece dispuesto a hacer ahorros en los gastos del Gobierno, cuando atravesamos unas de las peores crisis económicas de las últimas décadas a causa de la pandemia. Y como si todo eso no fuera suficiente, Panamá, en corto tiempo, puede perder su grado de inversión, lo que haría más costosa la deuda del país. Pronto se sumarán las presiones para solucionar el grave problema de las finanzas de la Caja de Seguro Social. Este panorama debe analizarse, buscarse alternativas, crear fuentes de ahorro, pero nadie en el Gobierno presta atención a lo que en corto tiempo seguramente será el más acuciante problema del país: nuestra economía.