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Hoy por hoy

La tercera encuesta de hogares que realizó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha revelado percepciones y realidades muy preocupantes. Dos de ellas son el deterioro continuo de los ingresos familiares y el desmejoramiento de la alimentación de los niños. En la gran mayoría de los hogares más pobres los niños comen menos o lo que consumen es de baja calidad. Ello sin contar que la ayuda del gobierno bajo las actuales circunstancias no llega a todos los que la necesitan, y en medio de un panorama en que el 72% de los hogares reporta pérdida de sus ingresos parcial o totalmente. Es imperdonable que habiendo dinero para hacer política —y de la mala— no haya para hacer un programa de alimentación de calidad para niños de bajos recursos. Gastan en carros de alquiler, en salarios para gente que no hace o no sabe hacer nada, para pagar favores, para call centers, para obras cuestionables. Pero para atender necesidades urgentes de los panameños, el dinero no alcanza. Y la encuesta revela lo poco atractivo que se ve el futuro para miles de miles de panameños: ni recuperación económica familiar ni nacional. Con lo sombrío que se ve todo, el Gobierno vive en una burbuja, sin contacto con la realidad.