El nuevo presidente de la Asamblea Nacional, el día que fue juramentado, dio un discurso que, en el papel era elocuente, prometedor y hasta esperanzador. Y, según dijo, lo escribió él mismo. Pero su discurso es apenas la superficie de una gestión que, en la práctica, es más de lo mismo. Las caras de siempre en las comisiones de trabajo dicen más sobre lo que permanecerá igual que de los cambios prometidos, gracias a pactos de recámara para alzarse con la presidencia a cambio de las comisiones. Todo arreglado con el cambalache, con el “qué hay pa’ mi”. No se trata de una Asamblea que trabaja para sus electores. Se trata de una Asamblea de fenicios en la que están a la venta conciencias y votos, y se baila al son que hacen las monedas que llenan sus bolsillos. Lastimosamente, no veremos cambios, más bien estamos en presencia de otro quinquenio perdido entre la codicia y la corrupción. El Órgano Legislativo ha encontrado un nuevo norte: Sus comisiones de trabajo, especialmente, la de Presupuesto, son bastiones de chantaje, donde sus integrantes, salvo contadas excepciones, no dan puntada sin hilo. Ese es el triste panorama del “cambio” prometido.
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07 jul 2021 - 05:04 AM
