Panamá otorgó contratos a Odebrecht durante años, valorados en miles de millones de dólares. Y durante ese tiempo, todos los controles fallaron o funcionarios hicieron deliberadamente que fallaran. Es así como esta empresa –y seguramente muchas más, locales e internacionales– extraen miles de millones más para pagar coimas o aumentar sus ganancias, una costumbre de nuestros políticos y empresarios que, contrario a lo que uno pensaría, no escarmientan porque nuestra justicia es nula y, por ello, la corrupción sigue tan rampante como nunca. Panamá es un país rico, pero la voracidad de esta gente es ilimitada, es infinita, y más pronto que tarde veremos las consecuencias de nuestra indiferencia ante tanto robo e impunidad. ¿En qué quedará el mayor escándalo de corrupción de nuestra historia? ¿Quién pagará por el daño que el dinero sucio ocasiona en nuestro sistema de justicia? ¿Dónde terminará el país una vez que su riqueza haya sido devorada por cada partido político que sube al poder? Odebrecht solo nos muestra una fracción de esa gran corrupción que florece y se esparce dentro de la sociedad panameña, pero es suficiente para darnos cuenta de que, con pasos firmes y decididos, nos dirigimos a un abismo.
Exclusivo
Hoy por hoy
04 jun 2021 - 05:04 AM