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Hoy por hoy

Parece que la justicia en Panamá empieza a tocar fondo. Los funcionarios que investigan y/o que juzgan se cruzan de brazos; cobran miles de dólares sin levantar un dedo para cumplir sus deberes. El escándalo de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB) ha quedado en nada. El Presidente no se ha dado por aludido en el hecho de que tiene una funcionaria en su gobierno que debió haber sido despedida sin muchos miramientos tras los escándalos en los que se ha visto involucrada ella y su parentela, nombrados en cada oficina de la LNB, así como el cobro de premios en dudosos sorteos y en presuntos delitos electorales que el fiscal primero electoral ha archivado, porque, en vez de buscar las pruebas que puedan acreditar las denuncias, ha cerrado el caso porque dice que no hay pruebas. O sea que el que denuncia debe aportar también evidencias, como en las denuncias contra diputados, a las que hay que aportar la prueba idónea. Y como si fuera poco, se ha pospuesto un año el juicio sobre el caso Lava Jato en Panamá porque un par de abogados se ausentaron de la audiencia. No hay duda de que nos gobierna una pandilla.