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En Panamá, lo absurdo goza del privilegio de la atención gubernamental, y no la prioridad en las compras, en las decisiones, comportamientos e, incluso, en la planificación. Es difícil imaginarlo, pero es nuestra realidad. Es el caso de la compra de la cadena de frío para una vacuna adquirida por el Gobierno para inmunizar a los habitantes contra la Covid-19. Primero, se convocó a una licitación que debió decidirse a finales del año pasado, y no ahora de manera parcial. Luego, nos enteramos de que ninguna entrega de las partes de esta cadena de frío se puede hacer antes de 80 días, con lo cual las neveras y el resto del equipo llegará en mayo… con suerte. A ello hay que sumar el tiempo de instalación de una capacidad tal, que sobrepasa con creces las necesidades requeridas para almacenar la citada vacuna, la cual –como hemos visto– está llegando en pequeñas cantidades cada semana. Y, para rematar, sospechas y suspicacias, pues el Gobierno flexibilizó las condiciones de compra, beneficiando a un consorcio que se apunta como ganador de los principales rubros, pero cuyas últimas importaciones han sido para parques infantiles, nada de equipos de refrigeración y menos tan sofisticados. ¿Dónde está la coherencia de estas compras?