En medio de la crisis provocada por la pandemia, el Gobierno, una vez más, salió esta semana a hacer una nueva emisión de deuda –$2,450 millones, para ser exactos–, con lo cual, nuestros pasivos siguen creciendo al mismo tiempo que –por esta frenética carrera para obtener dinero– las posibilidades de endeudamiento a futuro se van reduciendo a una velocidad vertiginosa. Nada indica que el Gobierno tenga un plan de austeridad frente a esta inédita situación. Aunque las alarmas no paran de sonar, seguimos con un ritmo de endeudamiento que pronto llegará a su límite, si es que no estamos a pocos pasos de este, y con los ingresos en picada. La Dirección General de Ingresos reveló en su último informe que la recaudación, a diciembre de 2020, fue 28.4% menos de lo presupuestado y 22.5% menos que lo recaudado en el ejercicio de 2019. Seguir pidiendo prestado sin que nadie informe cómo se está gastado el dinero o que rinda cuentas no crea tranquilidad, sino suspicacias. Este gobierno, con una política de cero transparencia, tiene su credibilidad en el piso, a lo que hay que sumarle los errores en el manejo de la pandemia y en la administración de las vacunas, falta de insumos médicos o compras con sobreprecios, etc. Estamos frente a la receta del desastre.
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23 ene 2021 - 05:05 AM
