La persona elegida para presidir hasta 2024 el Comité Olímpico de Panamá tiene credenciales que la hacen digna merecedora del cargo: se trata de una dama, atleta premiada en su juventud, con amplia experiencia en el campo deportivo nacional e internacional, de una preparación académica impecable en el campo del derecho y, en especial, del deporte, y galardonada por su excelente trayectoria profesional. Tales atributos representan un peligro para un grupo de políticos y sus acólitos que pretende expoliarle su victoria; son esos que tienen el deporte sumido en el desprestigio y en su mayor desgracia; son los que usan el deporte para viajar, para sus francachelas y para despojar a los deportistas del dinero que les pertenece. El deporte siempre ha sido fuente de poder para los políticos, que logran que los gobiernos canalicen importantes sumas de dinero que luego ellos despilfarran o terminan en sus bolsillos, privando a los atletas de sus sueños y al país de sus glorias. Es momento de que la ciudadanía exija respeto por esta elección, pero, especialmente, que la política saque sus manos del deporte, así como de la salud y la educación. Su presencia en estos campos no solo ha sido repulsiva, sino escandalosamente perniciosa.
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15 dic 2020 - 05:00 AM