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Hoy por hoy

El fuero electoral, tal como se aplica ahora, es un franco abuso que, tanto los políticos como el Tribunal Electoral (TE), siguen tratando de mantener, pese a que en la práctica este recurso ha sido usado descaradamente con ánimos de evadir la acción de la justicia. Según nuestra Constitución, todos somos iguales ante la ley. Pero eso nunca ocurre con los políticos, que se las arreglan –con la anuencia del TE– para legalizar excesos que los colocan por encima de sus conciudadanos. Nadie debería contar con privilegios como no ser investigado, detenido, arrestado o procesado en materia penal, policiva o administrativa. Si bien el TE pretende que el proceso electoral fluya sin obstáculos, lo que hace es invadir el terreno de la justicia, obstruyéndola. Una cosa es ser el regente del proceso electoral y otra muy distinta es prestarse para entorpecer o anular la justicia. Tan consientes están los políticos de ello, que los diputados –ahí sí– pactan desechar tales iniciativas sin discutirlas siquiera, porque no pueden disimular su alergia a la Ley. Tales prebendas permiten que delincuentes lleguen al poder, promueven la corrupción y son un anacronismo superado en países que claramente nos llevan décadas de desarrollo político.